Atravieso la puerta del edificio y me dirijo al tablón de anuncios, donde están los horarios y las clases de cada uno. Las taquillas son las mismas de todos los años excepto para los que vienen nuevos o los que se van.
Meto el papel con el horario en mi bolso y camino por los pasillos hasta mi taquilla, la 237. Por el camino veo cómo a algunos chicos me miran con la boca abierta, incluso puedo distinguir babas colgando de sus labios. Puaj.
Saco la llave y abro la taquilla. Meto los libros excepto los que necesito a primera hora y la cierro. Me tapan los ojos. Puedo oler el perfume que tan familiar me parece.
-¡Ay! ¡Sueltame!
La persona que me tapa los ojos me rodea la cintura y dice con voz muy aguda.
-¡Adivinalo!
-¡Justin! -río por la voz que ha puesto.
Me gira y me da un beso de esos que te dejan sin respiración. Le doy un abrazo.
-Te he echado de menos. -le digo.
-Todo este tiempo, he pensado en tu sonrisa y en tu forma de caminar... -comienza a cantar.
-¡Idiota! -río- No, en serio, te extrañé mucho.
-Y yo, pequeña. He llegado esta madrugada de viaje. Siento que no pude ir anoche a esa fiesta...
-Estuvo bien, pero contigo hubiera sido mejor.
Me da otro beso y me rodea los hombros con el brazo.
-¿Nos vamos a saludar a los demás? -pregunta Justin.
-No, vamos después de esta clase, que si no llegaremos tarde.
-Uy, vale señorita llego/temprano. -se burla.
-Cállate -río y le doy un suave puñetazo en el hombro.
-¿Qué te toca ahora?
-Mmm...historia.
-Pues creo que vamos juntos.
Me tiende el brazo y yo le agarro con el otro.
-¿Me permite, señorita McCartney?
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