Suena el despertador. Puf. Las siete.
Me estiro y me levanto de la cama. Me calzo las zapatillas de conejitos rosas y voy arrastrando los pies hasta el baño. Una vez allí, me miro al espejo. Menuda cara. Me la lavo y me seco con la toalla.
Vuelta a la habitación.
Del armario saco unos pantalones cortos negros y una camiseta blanca. en la que pone "Smile". Me quito el pijama y me visto.
Regreso al baño y me maquillo. Sombra de ojos, colorete, rimel y gloss.
Miro la ahora. Voy ajustada de tiempo si no quiero llegar tarde. Bajo rápido a la cocina y abro la nevera. Vaya, no hay leche fría. Me tendré que conformar con la templada.
Abro un armarito y saco un tetrabrick de leche y lleno un vaso. Me siento en la mesa y doy un mordisco a la tostada que ya estaba preparada.
-Buenos días. -dice un Luke con cara de sueño.
-Buenos días precioso. -respondo.
-¿Me preparas el desayuno?
-No tengo tiempo, cariño.
-Anda, porfaaaaaaa.
Resopló y me levanto. Cojo una bolsa de galletas de chocolate del armario, lleno un vaso de leche y se lo dejo todo en la mesa haciendo mucho ruido.
Doy un trago a la leche y hago una mueca de asco. Subo corriendo a la habitación a por mi bolso con los libros y salgo.
Llevo la cabeza bien alta y con aire de superioridad. Debo darlo, por algo, soy de las populares.
A medida que voy avanzando la gente me va saludando, esperando a que les responda, pero no lo hago. Paso. Sólo buscan ser amigos de los populares para aprovecharse de ellos. En fin.
Y poco a poco, voy llegando al instituto, o cómo algunos lo conocen: la entrada al infierno.
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